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Experiencias e ideas

Sueño

Él se movía apresuradamente como para no llegar tarde a su cita, cosa que sabía absurda, ya que ella lo acompañaba desde el principio, desde antes de llegar “al lugar”, ella siempre estaba de una o de otra forma con él, en su corazón, en la parte que él le regaló. Cerró sus ojos fuertemente hasta que le dolió, para calmarse y para encadenar las lágrimas que querían brotar de sus ojos. Podía verla ahí cerca y temblaba de nervios y de ansia, de miedo y desesperación. Ella se acercó, ágil, tal vez demasiado rápido, lo hizo retroceder como si ella fuera una amenaza, como si pudiera herirlo con sólo tocarlo, porque ella podía, su  proximidad lo ponía tenso e indeciso; trastabilló y por reflejo estiró los brazos, la tomó de la cintura y la atrajo hacia él, lenta pero firmemente. Mientras sus cuerpos vencían las distancias entrambos él la miraba a los ojos, encantado, perdido en su profundidad y su tristeza siempre presente, luego, inconsciente de si mismo bajó la mirada y observó sus labios delicados, retiró la vista y se sintió ansioso, anhelante. De pronto la tenía estrechada en sus brazos, la calidez  que su cuerpo le transmitía lo hizo sentirse más seguro y feliz, como cobijado por una manta suave y tibia. Apretó fuerte y escuchó atento cómo el aire abandonaba los pulmones de ambos formando dos suspiros que se unían en el aire frío de la tarde, ese frío que para ellos no era nada, ni siquiera lo notaban, no podían percibirlo. “Te quiero” le dijo él con ternura al oído mientras percibía su aroma dulce y ella acercaba su cuerpo aún más intentando estar en contacto el uno con el otro todo lo posible. No pudiendo esperar más él inclinó un poco su cabeza y la besó, en el momento en que sus labios se unieron una lágrima se deslizó por su mejilla, era feliz, estaba pleno, completo, lo tenía todo, lo entendía todo, lo apreciaba todo, lo contenía todo en sí. Su corazón se agitaba estrepitosamente, gritaba por dentro, “moriré” pensaba para sí mientras sus labios se acariciaban, se dejaba llevar a una deliciosa condena,     la besaba lentamente al principio, sintiendo cada roce, cada segundo, luego como alguien que sacia una sed tremenda, buscaba ávido la fricción de sus bocas. Su respiración se aceleraba gemía y la acariciaba, el cuello, las manos, los brazos, odió las mangas de la camisa de ella, porque alejaban su tacto de su piel tersa y caliente. Sabía que no tenía mucho tiempo, que su encuentro, tal vez el último, sería efímero, sintió miedo de nuevo. Tímido, introdujo su lengua despacio en una boca que le era ajena y familiar a la vez, la lengua de ella imitó sus movimientos despacio como resistiéndose, pero después de unos instantes eternos y nimios lograron entrelazarse y encontrar una armonía de ternura y pasión. De repente, ella se separó un poco; él aún tenía los ojos cerrados, y sonreía, y buscaba los labios de ella. Ella le dijo “no te dejo”. En ese instante él sabía que todo terminaba otra vez. Abrió los ojos y ella no estaba ya. Despertó llorando y se relamió  los labios buscando un sabor que conocía muy bien, al encontrarlo su boca se adornó con una sonrisa. Tal vez volviera a verla esta noche.

Kywket Preternatural Monsterman

1 comentario

Giovas Israel -

Hermano Luis cara de perro... este conjunto de palabras me ha cautivado en lo particular... siento que has basado la historia en algo que a todos nos ha pasado e aquellas noches, al menos alguna vez... lo más interesante ha sido el final; neta, enhorabuena!!!!